Ambigüo

Las palabras con diéresis siempre me han resultado curiosas. Son pocas, pero suficientes. Este signo diacrítico, que se manifiesta en dos puntos situados horizontalmente sobre una vocal, tiene como única función la unión de dos sonidos diferentes en un sólo golpe de voz… yo suelo poner diéresis a diestro y siniestro, así resulta todo menos aburrido.

En Madrid, el despertador siempre sonaba diez minutos antes para avisarme de que llegaba la hora de apagar las luces de la calle. En ese instante, la luna todavía andaba de esquina en esquina intentando encontrar algún portal y dentro de él un beso nocturno de buenos días. Yo solía permanecer sentada justo en medio de la cocina y bebía de mi taza de café con ojos pegados por ese pigmento compuesto de sólo cuatro horas de sueño y pensaba en palabras que resumieran todas aquellas anécdotas con las que me tropezaba en la gran ciudad.

Aprendí con esfuerzo a no hacerlo antes de las 6 de la mañana (dicen que es perjudicial para la salud) pero soy mujer, suelo pensar demasiado y a veces las resacas de fin de semana ayuda a que se desconecte paradógicamente el standby mental antes de lo debido. Por esa torpe falta de control, hoy elegiría la palabra “ambigüo” (con diéresis) a la que dulcifiqué con crema pastelera madrugada tras madrugada en Madrid y a la que convierto en este momento en la protagonista de de un cuento diario que viví durante mucho tiempo: ambigüo siempre merodeaba sutilmente por los cables de los auriculares de mi mp3 mientras viajaba en el tren. Estaba escrito en todas las caras de todas las personas a las que me encontraba caminando por el metro y por las calles. Se encargaba de dejarme un bigote de leche en un segundo desayuno que comenzaba a las 10.20h en la cafetería de la oficina y que casi acaba con las manillas del reloj al volver a casa.

Podemos inventarnos palabras que no existen con el objetivo de desviarnos de lo obvio. Es divertido y una buena estrategia. Yo las que existen las escribo y las pronuncio a veces como a me da la gana: ambigüo, ciertopelo, espardatrapo, calenones… ¿Intentaste alguna vez ponerte boca abajo para comprobar si el mundo en el que vivimos está realmente del derecho?

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